
Cuando el naufrago que flotaba zarandeado por las corrientes acaba tendido sobre la arena de la playa, donde las olas lo han descargado, y abre los ojos para tratar de averiguar donde se encuentra, empieza a darse cuenta de que otros naufragos le rodean. Entonces descubre que no esta solo. Se incorpora sobre si mismo y le grita a la soledad para conjurarla o espantarla. Y se percata de que no es el eco de su voz lo que le llega como respuesta, sino los gritos de otros humanos que ya caminaban antes que él sobre la arena de infinitas y blancas playas, supervivientes de peligrosos y arriesgados naufragios.
La vida parece un encuentro fortuito entre navegantes y aventureros que se tiran al encrespado mar con tal de huir de la monotonia y banalidad cotidiana en que se ha convertido la rutinaria vida en la ciudad.
Extremeno Romano







3 comentarios:
Y algunas veces nos sentimos tan solos, rodeados de tanta gente. Nos cruzamos y ni siquiera somos capaces de mirarnos a la cara.
Hoy, más que nunca, el ser humano necesita de la compañía del otro y pide a gritos entre la multitud, atención y cariño.
Preciosas reflexiones, amigo.
Però soli non siamo, anche se a volte, in mezzo alla folla metropolitana ci sembra che nessuno si curi di noi...
Esiste una sottile ragnatela di relazioni intermonadiche che ci unisce al destino ed al percorso di altri nostri simili.
A volte queste relazioni sono fatte di parole, a volte di segni, di sorrisi o di sguardi complici.
Me gustó la interpretación que haces de la vida: un naufragio.
Tengo un visión menos desesperanzada pero igual de apasionada y profunda.
Te invito a mi blog.
Miguelius
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